
EL DOBLE FILO DE LA ESPADA
Premio Internacional Mislata
Julio de 1570
Mi querido Uluch-Alí:
La semana pasada llegué al puerto de Mesina, tal como acordamos. Con la ayuda del portugués y de mi ingenio conseguí alistarme como cabo de escuadra en una galera cuyo nombre omito, naturalmente. No es un destino privilegiado para mí, pues de sobra conoces el miedo insalvable que siempre he tenido al mar, pero en cambio me otorga cierta libertad de movimientos a la hora de ver por tus ojos y de oír por tus oídos. El riesgo que asumo es grande, ya lo sabes, y el más mínimo paso en falso puede conducirme a la más atroz de las muertes. Espero que llegado el momento lo tengas en cuenta. Si el Todopoderoso te permitiera estar en mi lugar, algo que no deseo ni al peor de mis enemigos, comprenderías que ciertas cosas no se hacen sólo por dinero, mi querido Uluch-Alí.
Ayer llegaron noticias anunciando los triunfos de Pialí-Pachá. Se comenta que los cien mil hombres del serasker Mustafá han recalado en las costas de Chipre, y que sus naves menores almogavarean y saquean la bahía de Salinas en busca de esclavos. Enhorabuena. Los cristianos de esta mal llamada Serenísima República no pueden reaccionar, pues la flota veneciana, diezmada por el tifus, navega hacia Creta; en Ancona, Marco Antonio Colonna trata de reclutar con malas artes soldados y remeros para armar las galeras del Papa y aquí, en Mesina, Juan Andrea Doria cuenta tan sólo con cincuenta galeras y con el miedo a que aparezcas con tu flota en cualquier momento y en cualquier lugar, pues nadie sabe con certeza dónde te encuentras. Es evidente que los espías de la Liga no trabajan para ella con el mismo celo con que yo lo hago para ti.
Pon rumbo a levante y enfila tus naves hacia Gozo, mi querido Uluch-Alí, pues hay allí galeras de Malta, y en tan poco número que tu victoria es segura. Desde tu actual posición puedes asestar un golpe duro a la Liga.
Por otra parte, he de hacerte una observación que espero tengas en cuenta: el cómitre portugués que contactó conmigo en Mesina es hombre de fiar, maneja el látigo y el cerebro con envidiable habilidad y a mi llegada al puerto tenía el terreno abonado, pero en cambio el griego que porta este mensaje es un perro atormentado por la avaricia y el miedo, capaz de cualquier cosa por dinero y por eludir el tormento. Me ha costado una fortuna convencerlo para que suba a la fusta. Elimínalo, puede estar amolando los dos filos de la espada con la misma piedra.
Por aquí todo vale su peso en oro. Todo el que me envíes será poco.
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Septiembre de 1570
Mi querido Uluch-Alí:
Se comenta que el día 3 hubo un consejo de guerra en Suda, y se sabe que tus efectivos en Chipre ascienden a ciento cincuenta galeras. La Liga cuenta ya con ciento ochenta y siete, más once galeazas, un galeón y siete naves, dotadas con mil trescientos cañones, dieciséis mil soldados y treinta y dos mil marineros y remeros, pero no te preocupes, pues el tifus se ha ensañado sin piedad con los venecianos, y aunque se armara a la mitad de la chusma, costaría trabajo encontrar una galera con más de setenta soldados. Con tan buen aliado en nuestras filas la guerra está ganada. Por si fuera poco, los venecianos se niegan a que los españoles pisen sus barcos, y no pasa día sin que haya reyertas en el puerto y en las naves. En esta labor me estoy empleando a fondo, siempre por servir mejor a tus intereses, mi querido Uluch-Alí.
Te felicito por la victoria de Gozo. Acertaste al seguir mis sugerencias. El Consejo de la Orden de Malta ahorcó al piloto Orlando y al cómitre Scarmuzi por haber abandonado en tus manos a la nave capitana. Sólo ahora empiezan a reponerse del golpe y piensan enviar al general Giustiniani, con tres galeras de la Orden, al encuentro de Marco Antonio Colonna.
Sabes, por otra parte, lo sensible que soy y lo mal que soporto la convivencia con esta gentuza. En este lugar infecto es fácil morir de tifus, de disentería o de repugnancia. Cuando nos hacemos a la mar, los olores que desprende la cámara de boga, con más de doscientos remeros vomitando y defecando, son insufribles. Últimamente, los piojos y las chinches se han cebado en mi cuerpo y han comenzado a salirme tiñas, como a ti. El sustento he de procurármelo fuera, cuando puedo y a un precio desmedido, pues en estas galeras sólo se come sopa de habas y pescado podrido. Deberías poner más de tu parte por remediar mi tristeza, mi querido Uluch-Alí. Dos tercios del oro que me envías lo gasto en pagar confidentes, y el resto, una miseria comparado con el que se pierde por el camino, me ayuda a sobrevivir y a guardarme las espaldas. Se sabe que la riqueza no trae la felicidad, pero en un lugar como éste es indispensable para sobrevivir.
Me alegra enormemente que degollaras al griego. Nuestra empresa saldrá ganando con ello, no lo dudes.
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Junio de 1571
Mi querido Uluch-Alí:
Me compungen y abruman las quejas que tienes de mí, ingrato hermano. Como te decía en mi último mensaje, la mar no está hecha para mí. He adelgazado hasta el punto de estar irreconocible, me han rapado el pelo como a un vulgar galeote y en diciembre fui herido en una pelea de cuyas heridas me repongo con extraordinario trabajo y lentitud. En marzo, cinco forzados de un banco lograron zafarse de los grilletes, mataron a un furriel y a dos arcabuceros y escaparon llevándose el poco oro que me quedaba. No obstante, ni las penurias sufridas, ni el hambre insoportable ni el miedo a ser descubierto, han impedido que siga oyendo y viendo por ti, aunque pienses que malgasto tu oro en vino atabernado y en mujerzuelas del puerto.
Tengo noticias frescas: la flota veneciana está dividida entre Corfú y Creta. En Corfú está Veniero con cuarenta y ocho galeras, y en Creta, los proveedores Quirini y Canale con sesenta. Si Alí-Pachá abandonara Negroponto y los atacara por sorpresa, no tendrían defensa alguna, y sería un golpe durísimo para la Santa Liga. No pierdas el tiempo.
Esta carta te la escribo con urgencia, mi querido Uluch-Alí, en presencia de este pescador jorobado que me envías como contacto, al que pago los últimos cincuenta escudos que me quedan. Espero que sepas agradecer mi esfuerzo, pues necesitaba ese dinero para el cuidado de mi delicada salud.
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Agosto de 1571
Mi querido Uluch-Alí:
Lamento mucho el fracaso de Alí-Pachá en la bahía de Suda. Es evidente que las sesenta galeras de Quirini y Canale aguardaban su ataque. ¿Quién pudo avisarlos? No lo sé. Los espías de la Serenísima República parecen ser cada vez más efectivos, por eso empleo mis mayores esfuerzos en localizarlos y neutralizarlos. Si estaban informados del ataque de Alí, es probable que estén al corriente de mi presencia, aunque también cabe la posibilidad de que Quirini intuyera una represalia de Alí por la derrota de Famagusta.
La intención de la Santa Liga es, como bien sospechabas, concentrarse en Mesina para darnos la batalla en Lepanto, donde saben que recala nuestra flota, pero esta concentración es tan lenta que los infieles pueden perder el verano entero en la empresa. Ahora puedo mantenerte informado con mayor frecuencia y menor riesgo, pues el trasiego de barcos en el puerto de Mesina es incontrolable en estos momentos. Por otra parte, el pescador jorobado que me envías es eficaz y escurridizo, pero cobra caro por sus servicios. Todo el oro que puedas enviarme será poco.
Anoche me jugué la vida por ti, mi querido Uluch-Alí. Desde hace días venía siguiendo los pasos de un pescador ragusino que había despertado las sospechas del jorobado. Lo localicé en una taberna del puerto y me hice pasar por un enviado de Marco Antonio Colonna. El perro mordió el hueso y lo degollé en un callejón, pero antes de morir consiguió herirme en una pierna. Después arrojé su cadáver al mar.
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Septiembre de 1571
Mi querido Uluch-Alí:
La concentración de las naves cristianas en el puerto de Mesina ha concluido con la llegada el día 5 de las treinta galeras de Alvaro de Bazán. El día 8, el cachorro del perro, Juan de Austria, pasó revista a la flota. Yo también.
España: 14 galeras, 24 naves y 50 buques ligeros.
Nápoles: 30 galeras y 24 naves.
Sicilia: 10 galeras.
Malta: 3 galeras.
Génova: 3 galeras.
Saboya: 6 galeras.
Juan Andrea Doria: 11 galeras.
Particulares: 13 galeras.
Fuerza Pontificia: 12 galeras y 6 buques ligeros.
Fuerza Veneciana: 106 galeras, 2 naves, 6 galeazas y 20 buques ligeros.
Parece que los inconvenientes para dotar las naves han sido graves. La chusma está compuesta en su mayoría por forzados y esclavos; los jueces han conmutado penas capitales, corporales y hasta multas, a cambio de la prestación del servicio; han expedido órdenes especiales para reclutar a todos los que no puedan justificar sus medios de vida, a los vagos, a los jugadores de azar, a los blasfemos y a los camorristas; han instalado garitos en los puertos, y a cambio de prestamos falsos han enrolado como buenabogas a todos los desheredados de la fortuna.
El estado de la fuerza veneciana es patético, mi querido Uluch-Alí; los escasos hombres de las dotaciones llegan en un estado lamentable y el desorden que reina en la flota llega al punto de permitir que cada galera haga lo que mejor le parezca. La flota se ha trasladado al fondeadero de Los Molinos, y se oye decir que los perros partirán pronto. Te mantendré, como de costumbre, puntualmente informado.
El estado de mi pierna, recordarás que fui herido por tu causa, mejora lentamente, pero he padecido dolores insufribles, y el escaso oro que me enviaste con el jorobado se me ha ido en potingues y en cirujanos. Es triste mi estado, Uluch-Alí, tan triste como ver que tus heridas caen en el olvido de los amigos.
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Septiembre de 1571
Mi querido Uluch-Alí:
De madrugada, y jugándome la vida por ti, entrego al jorobado este mensaje por el que he pagado mi precio en oro: han sido vistas sesenta de tus galeras remolcando tres naves que se dirigían al sur. Saben que estás fondeado en Lepanto, y piensan que al desprenderte de tales fuerzas renuncias a la ofensiva. El cachorro del perro se impacienta por lanzarse sobre ti, pero las galeazas no han llegado aún de Corfú. Se precisa leña y agua, y para ello tendrán que fondear en Gomeriza antes de partir para Lepanto.
Me alarman las informaciones que me envías, y no alcanzo a explicarme de qué forma extraen los espías de la Liga tanta información. Si tú lo dices, mi querido Uluch-Alí, así será. Puede que hayan aprendido rápido el noble arte del sigilo, o que tengan en sus arcas más oro que tú. Estaré más en guardia que nunca por si soy localizado. Guárdate de este jorobado calabrés; he seguido sus pasos y no son buenos. Se emborracha en las tabernas con marineros venecianos y arcabuceros del Tercio. Sobradamente sabes que los venecianos y los españoles son como perros y gatos, y también lo que de sí dan los borrachos. Es muy hábil; capaz de convivir y divertirse con unos y otros. Las habilidades son buenas en los espías, pero los dobleces son perjudiciales. Mi bolsa está vacía de nuevo. La generosidad hace grandes a los hombres y multiplica su eficacia, no lo olvides.
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Septiembre de 1571
Mi querido Uluch-Alí:
No aguardo el retorno del jorobado calabrés, al que espero hayas despellejado por su traición, y te envío este mensaje con un marinero griego al que he dado cuanto tenía de valor. Espero sepas agradecer mi gesto.
La flota se traslada mañana al fondeadero de Gomeriza, a unas 30 millas al SSE de Corfú, a fin de completar su aguada y conseguir leña. La partida, por tanto, es inminente. El maldito jorobado nos ha engañado a los dos. Se había encompadrado con un tal Francisco Dandolo, capitán de una galera de Candia llamada La Doncella, al que pasaba información sobre tu flota, seguramente a un precio lujurioso. Lo he sabido por un intermediario suyo al que anoche, borracho como un pirata, tuve que degollar y arrojar al mar. Nadie sabe si las 60 galeras que se vieron hacia el sur con las 3 naves han regresado a Lepanto, pero se conoce que la flota de Alí-Pachá no supera las 200 galeras medianamente armadas.
Que el Todopoderoso te acompañe en la batalla.
2 de octubre de 1571
Del pescador calabrés a Uluch-Alí, el corsario.
Querido Uluch-Alí:
La flota de los perros ha recibido hoy la orden de prepararse para salir a la mar. Desde mi posición observo con preocupación pero sin miedo las faenas, que se realizan con mucha dificultad, sobre todo en las galeras de San Marcos, donde la tensión aumenta entre los marineros y los soldados del tercio de España que embarcaron en Messina. Los primeros llevan todo el trabajo, el pesado y el ligero, y los últimos insisten en que sólo están a bordo para combatir. Sin embargo, bajo el látigo de los cómitres, se estiban con rapidez los barriles, se embarcan los esquifes, se pliegan las tiendas y se envergan las velas.
Personalmente no puedo entregarte este mensaje, pues aún investigo las conexiones del cabo de escuadra que durante tanto tiempo nos ha traicionado. Ya ves que la amistad y los años pueden rendirse ante un puñado de oro. De todas formas, no puedo asegurar que la información enviada a través del griego que degollaste y la que yo mismo te he llevado, fuera falsa. Este cabo de escuadra, antiguo hermano tuyo en la fe cristiana, te lo recuerdo, no ha sido leal a nadie, salvo a su propia ambición. Pienso que vendía información a los perros de la Santa Liga con la misma frecuencia que a ti. El tal Francisco Dandolo, al que aludía en su último mensaje, es ciertamente capitán de una galera de Candia, lo he sabido y, no te equivocaste, era su principal contacto en la flota cristiana. Ayer me acerqué a él, según tu consejo, fingiendo ser enviado de tu amigo, a quien el sujeto conocía bien y con quien llevaba negocios extraños en el puerto de Messina. A estas alturas me pareció inoportuno y arriesgado quitarle la vida, de forma que le ofrecí falsa información, bien pagada, por cierto, y lo convencí de que Alí-Pachá pretendía permanecer frente a Lepanto, a fin de exponer a la flota cristiana a los cañones de los fuertes. Después partí para cobrar venganza.
Localicé al traidor en la santabárbara de su galera. Al principio se sorprendió al verme, pues pensaba seguramente que habías seguido su consejo de arrancarme la piel, y con engaños logré llevarlo al pañol del contramaestre, donde entre cordajes y aparejos lo apuñalé y lo arrojé al mar. Hallé documentación entre sus cosas: alhajas, cartas de amor de una mujer de Messina y un pequeño libro de cuentas. Tiene dos casas en Messina y una en Corfú; y dos mujeres, una en cada puerto. Su riqueza es mucha, parece ser, y por su correspondencia entiendo que pensaba huir con una de las mujeres antes de que la flota partiera para Lepanto. Hubiera querido llevarlo vivo a tu presencia, pero hay deseos que son imposibles.
Mañana, cuando el cachorro del perro parta en tu búsqueda, yo saldré hacia el puerto de Messina, por si pudiera obtener alguna información de la mujer. Si el Todopoderoso ilumina el color de tus banderas, pronto podremos vernos, entonces sabrás todo cuanto haya averiguado del traidor.
Premio Internacional Mislata
Julio de 1570
Mi querido Uluch-Alí:
La semana pasada llegué al puerto de Mesina, tal como acordamos. Con la ayuda del portugués y de mi ingenio conseguí alistarme como cabo de escuadra en una galera cuyo nombre omito, naturalmente. No es un destino privilegiado para mí, pues de sobra conoces el miedo insalvable que siempre he tenido al mar, pero en cambio me otorga cierta libertad de movimientos a la hora de ver por tus ojos y de oír por tus oídos. El riesgo que asumo es grande, ya lo sabes, y el más mínimo paso en falso puede conducirme a la más atroz de las muertes. Espero que llegado el momento lo tengas en cuenta. Si el Todopoderoso te permitiera estar en mi lugar, algo que no deseo ni al peor de mis enemigos, comprenderías que ciertas cosas no se hacen sólo por dinero, mi querido Uluch-Alí.
Ayer llegaron noticias anunciando los triunfos de Pialí-Pachá. Se comenta que los cien mil hombres del serasker Mustafá han recalado en las costas de Chipre, y que sus naves menores almogavarean y saquean la bahía de Salinas en busca de esclavos. Enhorabuena. Los cristianos de esta mal llamada Serenísima República no pueden reaccionar, pues la flota veneciana, diezmada por el tifus, navega hacia Creta; en Ancona, Marco Antonio Colonna trata de reclutar con malas artes soldados y remeros para armar las galeras del Papa y aquí, en Mesina, Juan Andrea Doria cuenta tan sólo con cincuenta galeras y con el miedo a que aparezcas con tu flota en cualquier momento y en cualquier lugar, pues nadie sabe con certeza dónde te encuentras. Es evidente que los espías de la Liga no trabajan para ella con el mismo celo con que yo lo hago para ti.
Pon rumbo a levante y enfila tus naves hacia Gozo, mi querido Uluch-Alí, pues hay allí galeras de Malta, y en tan poco número que tu victoria es segura. Desde tu actual posición puedes asestar un golpe duro a la Liga.
Por otra parte, he de hacerte una observación que espero tengas en cuenta: el cómitre portugués que contactó conmigo en Mesina es hombre de fiar, maneja el látigo y el cerebro con envidiable habilidad y a mi llegada al puerto tenía el terreno abonado, pero en cambio el griego que porta este mensaje es un perro atormentado por la avaricia y el miedo, capaz de cualquier cosa por dinero y por eludir el tormento. Me ha costado una fortuna convencerlo para que suba a la fusta. Elimínalo, puede estar amolando los dos filos de la espada con la misma piedra.
Por aquí todo vale su peso en oro. Todo el que me envíes será poco.
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Septiembre de 1570
Mi querido Uluch-Alí:
Se comenta que el día 3 hubo un consejo de guerra en Suda, y se sabe que tus efectivos en Chipre ascienden a ciento cincuenta galeras. La Liga cuenta ya con ciento ochenta y siete, más once galeazas, un galeón y siete naves, dotadas con mil trescientos cañones, dieciséis mil soldados y treinta y dos mil marineros y remeros, pero no te preocupes, pues el tifus se ha ensañado sin piedad con los venecianos, y aunque se armara a la mitad de la chusma, costaría trabajo encontrar una galera con más de setenta soldados. Con tan buen aliado en nuestras filas la guerra está ganada. Por si fuera poco, los venecianos se niegan a que los españoles pisen sus barcos, y no pasa día sin que haya reyertas en el puerto y en las naves. En esta labor me estoy empleando a fondo, siempre por servir mejor a tus intereses, mi querido Uluch-Alí.
Te felicito por la victoria de Gozo. Acertaste al seguir mis sugerencias. El Consejo de la Orden de Malta ahorcó al piloto Orlando y al cómitre Scarmuzi por haber abandonado en tus manos a la nave capitana. Sólo ahora empiezan a reponerse del golpe y piensan enviar al general Giustiniani, con tres galeras de la Orden, al encuentro de Marco Antonio Colonna.
Sabes, por otra parte, lo sensible que soy y lo mal que soporto la convivencia con esta gentuza. En este lugar infecto es fácil morir de tifus, de disentería o de repugnancia. Cuando nos hacemos a la mar, los olores que desprende la cámara de boga, con más de doscientos remeros vomitando y defecando, son insufribles. Últimamente, los piojos y las chinches se han cebado en mi cuerpo y han comenzado a salirme tiñas, como a ti. El sustento he de procurármelo fuera, cuando puedo y a un precio desmedido, pues en estas galeras sólo se come sopa de habas y pescado podrido. Deberías poner más de tu parte por remediar mi tristeza, mi querido Uluch-Alí. Dos tercios del oro que me envías lo gasto en pagar confidentes, y el resto, una miseria comparado con el que se pierde por el camino, me ayuda a sobrevivir y a guardarme las espaldas. Se sabe que la riqueza no trae la felicidad, pero en un lugar como éste es indispensable para sobrevivir.
Me alegra enormemente que degollaras al griego. Nuestra empresa saldrá ganando con ello, no lo dudes.
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Junio de 1571
Mi querido Uluch-Alí:
Me compungen y abruman las quejas que tienes de mí, ingrato hermano. Como te decía en mi último mensaje, la mar no está hecha para mí. He adelgazado hasta el punto de estar irreconocible, me han rapado el pelo como a un vulgar galeote y en diciembre fui herido en una pelea de cuyas heridas me repongo con extraordinario trabajo y lentitud. En marzo, cinco forzados de un banco lograron zafarse de los grilletes, mataron a un furriel y a dos arcabuceros y escaparon llevándose el poco oro que me quedaba. No obstante, ni las penurias sufridas, ni el hambre insoportable ni el miedo a ser descubierto, han impedido que siga oyendo y viendo por ti, aunque pienses que malgasto tu oro en vino atabernado y en mujerzuelas del puerto.
Tengo noticias frescas: la flota veneciana está dividida entre Corfú y Creta. En Corfú está Veniero con cuarenta y ocho galeras, y en Creta, los proveedores Quirini y Canale con sesenta. Si Alí-Pachá abandonara Negroponto y los atacara por sorpresa, no tendrían defensa alguna, y sería un golpe durísimo para la Santa Liga. No pierdas el tiempo.
Esta carta te la escribo con urgencia, mi querido Uluch-Alí, en presencia de este pescador jorobado que me envías como contacto, al que pago los últimos cincuenta escudos que me quedan. Espero que sepas agradecer mi esfuerzo, pues necesitaba ese dinero para el cuidado de mi delicada salud.
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Agosto de 1571
Mi querido Uluch-Alí:
Lamento mucho el fracaso de Alí-Pachá en la bahía de Suda. Es evidente que las sesenta galeras de Quirini y Canale aguardaban su ataque. ¿Quién pudo avisarlos? No lo sé. Los espías de la Serenísima República parecen ser cada vez más efectivos, por eso empleo mis mayores esfuerzos en localizarlos y neutralizarlos. Si estaban informados del ataque de Alí, es probable que estén al corriente de mi presencia, aunque también cabe la posibilidad de que Quirini intuyera una represalia de Alí por la derrota de Famagusta.
La intención de la Santa Liga es, como bien sospechabas, concentrarse en Mesina para darnos la batalla en Lepanto, donde saben que recala nuestra flota, pero esta concentración es tan lenta que los infieles pueden perder el verano entero en la empresa. Ahora puedo mantenerte informado con mayor frecuencia y menor riesgo, pues el trasiego de barcos en el puerto de Mesina es incontrolable en estos momentos. Por otra parte, el pescador jorobado que me envías es eficaz y escurridizo, pero cobra caro por sus servicios. Todo el oro que puedas enviarme será poco.
Anoche me jugué la vida por ti, mi querido Uluch-Alí. Desde hace días venía siguiendo los pasos de un pescador ragusino que había despertado las sospechas del jorobado. Lo localicé en una taberna del puerto y me hice pasar por un enviado de Marco Antonio Colonna. El perro mordió el hueso y lo degollé en un callejón, pero antes de morir consiguió herirme en una pierna. Después arrojé su cadáver al mar.
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Septiembre de 1571
Mi querido Uluch-Alí:
La concentración de las naves cristianas en el puerto de Mesina ha concluido con la llegada el día 5 de las treinta galeras de Alvaro de Bazán. El día 8, el cachorro del perro, Juan de Austria, pasó revista a la flota. Yo también.
España: 14 galeras, 24 naves y 50 buques ligeros.
Nápoles: 30 galeras y 24 naves.
Sicilia: 10 galeras.
Malta: 3 galeras.
Génova: 3 galeras.
Saboya: 6 galeras.
Juan Andrea Doria: 11 galeras.
Particulares: 13 galeras.
Fuerza Pontificia: 12 galeras y 6 buques ligeros.
Fuerza Veneciana: 106 galeras, 2 naves, 6 galeazas y 20 buques ligeros.
Parece que los inconvenientes para dotar las naves han sido graves. La chusma está compuesta en su mayoría por forzados y esclavos; los jueces han conmutado penas capitales, corporales y hasta multas, a cambio de la prestación del servicio; han expedido órdenes especiales para reclutar a todos los que no puedan justificar sus medios de vida, a los vagos, a los jugadores de azar, a los blasfemos y a los camorristas; han instalado garitos en los puertos, y a cambio de prestamos falsos han enrolado como buenabogas a todos los desheredados de la fortuna.
El estado de la fuerza veneciana es patético, mi querido Uluch-Alí; los escasos hombres de las dotaciones llegan en un estado lamentable y el desorden que reina en la flota llega al punto de permitir que cada galera haga lo que mejor le parezca. La flota se ha trasladado al fondeadero de Los Molinos, y se oye decir que los perros partirán pronto. Te mantendré, como de costumbre, puntualmente informado.
El estado de mi pierna, recordarás que fui herido por tu causa, mejora lentamente, pero he padecido dolores insufribles, y el escaso oro que me enviaste con el jorobado se me ha ido en potingues y en cirujanos. Es triste mi estado, Uluch-Alí, tan triste como ver que tus heridas caen en el olvido de los amigos.
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Septiembre de 1571
Mi querido Uluch-Alí:
De madrugada, y jugándome la vida por ti, entrego al jorobado este mensaje por el que he pagado mi precio en oro: han sido vistas sesenta de tus galeras remolcando tres naves que se dirigían al sur. Saben que estás fondeado en Lepanto, y piensan que al desprenderte de tales fuerzas renuncias a la ofensiva. El cachorro del perro se impacienta por lanzarse sobre ti, pero las galeazas no han llegado aún de Corfú. Se precisa leña y agua, y para ello tendrán que fondear en Gomeriza antes de partir para Lepanto.
Me alarman las informaciones que me envías, y no alcanzo a explicarme de qué forma extraen los espías de la Liga tanta información. Si tú lo dices, mi querido Uluch-Alí, así será. Puede que hayan aprendido rápido el noble arte del sigilo, o que tengan en sus arcas más oro que tú. Estaré más en guardia que nunca por si soy localizado. Guárdate de este jorobado calabrés; he seguido sus pasos y no son buenos. Se emborracha en las tabernas con marineros venecianos y arcabuceros del Tercio. Sobradamente sabes que los venecianos y los españoles son como perros y gatos, y también lo que de sí dan los borrachos. Es muy hábil; capaz de convivir y divertirse con unos y otros. Las habilidades son buenas en los espías, pero los dobleces son perjudiciales. Mi bolsa está vacía de nuevo. La generosidad hace grandes a los hombres y multiplica su eficacia, no lo olvides.
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Septiembre de 1571
Mi querido Uluch-Alí:
No aguardo el retorno del jorobado calabrés, al que espero hayas despellejado por su traición, y te envío este mensaje con un marinero griego al que he dado cuanto tenía de valor. Espero sepas agradecer mi gesto.
La flota se traslada mañana al fondeadero de Gomeriza, a unas 30 millas al SSE de Corfú, a fin de completar su aguada y conseguir leña. La partida, por tanto, es inminente. El maldito jorobado nos ha engañado a los dos. Se había encompadrado con un tal Francisco Dandolo, capitán de una galera de Candia llamada La Doncella, al que pasaba información sobre tu flota, seguramente a un precio lujurioso. Lo he sabido por un intermediario suyo al que anoche, borracho como un pirata, tuve que degollar y arrojar al mar. Nadie sabe si las 60 galeras que se vieron hacia el sur con las 3 naves han regresado a Lepanto, pero se conoce que la flota de Alí-Pachá no supera las 200 galeras medianamente armadas.
Que el Todopoderoso te acompañe en la batalla.
2 de octubre de 1571
Del pescador calabrés a Uluch-Alí, el corsario.
Querido Uluch-Alí:
La flota de los perros ha recibido hoy la orden de prepararse para salir a la mar. Desde mi posición observo con preocupación pero sin miedo las faenas, que se realizan con mucha dificultad, sobre todo en las galeras de San Marcos, donde la tensión aumenta entre los marineros y los soldados del tercio de España que embarcaron en Messina. Los primeros llevan todo el trabajo, el pesado y el ligero, y los últimos insisten en que sólo están a bordo para combatir. Sin embargo, bajo el látigo de los cómitres, se estiban con rapidez los barriles, se embarcan los esquifes, se pliegan las tiendas y se envergan las velas.
Personalmente no puedo entregarte este mensaje, pues aún investigo las conexiones del cabo de escuadra que durante tanto tiempo nos ha traicionado. Ya ves que la amistad y los años pueden rendirse ante un puñado de oro. De todas formas, no puedo asegurar que la información enviada a través del griego que degollaste y la que yo mismo te he llevado, fuera falsa. Este cabo de escuadra, antiguo hermano tuyo en la fe cristiana, te lo recuerdo, no ha sido leal a nadie, salvo a su propia ambición. Pienso que vendía información a los perros de la Santa Liga con la misma frecuencia que a ti. El tal Francisco Dandolo, al que aludía en su último mensaje, es ciertamente capitán de una galera de Candia, lo he sabido y, no te equivocaste, era su principal contacto en la flota cristiana. Ayer me acerqué a él, según tu consejo, fingiendo ser enviado de tu amigo, a quien el sujeto conocía bien y con quien llevaba negocios extraños en el puerto de Messina. A estas alturas me pareció inoportuno y arriesgado quitarle la vida, de forma que le ofrecí falsa información, bien pagada, por cierto, y lo convencí de que Alí-Pachá pretendía permanecer frente a Lepanto, a fin de exponer a la flota cristiana a los cañones de los fuertes. Después partí para cobrar venganza.
Localicé al traidor en la santabárbara de su galera. Al principio se sorprendió al verme, pues pensaba seguramente que habías seguido su consejo de arrancarme la piel, y con engaños logré llevarlo al pañol del contramaestre, donde entre cordajes y aparejos lo apuñalé y lo arrojé al mar. Hallé documentación entre sus cosas: alhajas, cartas de amor de una mujer de Messina y un pequeño libro de cuentas. Tiene dos casas en Messina y una en Corfú; y dos mujeres, una en cada puerto. Su riqueza es mucha, parece ser, y por su correspondencia entiendo que pensaba huir con una de las mujeres antes de que la flota partiera para Lepanto. Hubiera querido llevarlo vivo a tu presencia, pero hay deseos que son imposibles.
Mañana, cuando el cachorro del perro parta en tu búsqueda, yo saldré hacia el puerto de Messina, por si pudiera obtener alguna información de la mujer. Si el Todopoderoso ilumina el color de tus banderas, pronto podremos vernos, entonces sabrás todo cuanto haya averiguado del traidor.
Noto una fijacion especial por tus relatos vividos en el mar,en otra vida seguramente has tenido que ser un pirata de los mas despiadados pero a su vez con buen fondo.
ResponderEliminarTodavia buscas el canto de una sirena???
Sí, es verdad, llevas rázón. John W. Hawker es ese personaje que yo deseé ser cuando era un niño, porque cuando somos niños todos queremos ser valientes y feroces para sentirnos fuertes y amedrentar a esa vida que ya nos vemos venir con el cuchillo en los dientes. Y tal vez fui John Hawker en otra vida, quién sabe.
ResponderEliminarA veces me entretengo entrando en su piel y navego por mares remotos, recalo en islas perdidas y bebo ron en tugurios costeros de mala muerte.
Ahora de mayor me sigue gustando ser John Hawker, más que por amedrentar a la vida, por volver a ser niño durante un rato.
John Hawker también conoció una vez a una sirena.