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jueves, 9 de julio de 2009

Del sendero



Premio de poesía José María de los Santos



DEL SENDERO


Del sendero
el caminante, la flor,
el polvo y la sed.

De la flor
el aroma leve
de la mañana.

Del polvo
un oro falso
que confunda el alma.

De la sed
el ansia,
el ansia de agua,
de luz,
de paz o de palabras.

Del caminante
la mirada,
el árbol solitario,
el llano despojado,
el filo del horizonte
cortando el alba...

Y de la mirada
la urgencia ínsita
de endulzar las llagas,
la ambición de ayuntar
en el recuerdo
la dimensión y el alma
como se funden
el límite de la tierra
y el cejo de la mañana.

Sí, del sendero
el caminante, la flor,
el polvo y la sed,
pero nunca la seducción
de desandar lo andado.

Valga sólo el recuerdo
y el afán de hallar
otro árbol solitario,
otro llano despojado,
otro horizonte
ciertamente nuevo,
quizás, tras el alba.

Todo del sendero
salvo el retorno
y la nostalgia.

Puede que incluso eso,
pero nunca el reposo
ineludible, temido,
de la llegada.